Recuerdos de Negreira (1976-1979): In memoriam de un castro arrasado

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Mi gran afición por los monumentos y la arqueología sin duda la heredé de mi madre y de su ejemplo, de su emoción al ver monasterios como Oseira, a donde fui con unos 10 años y que recuerdo con gran claridad.

Fue esa sensibilidad la que me hizo interesar por cualquier descubrimiento. Por eso, cuando Jesús García Calvo, fundador y presidente de Feiraco, ya fallecido, quiso edificar su casa sobre un castro agité las aguas todo lo posible para evitarlo. Tropecé con la indiferencia general, mitad porque sólo un par de visionarios dábamos valor a una aldea prehistórica, mitad porque muy poca gente de Negreira y alrededores quería problemas con un hombre poderoso que, con mil y una artimañas, logró mantenerse como hombre fuerte de Feiraco, subirse al carro de la democracia y dejar a la oposición –entre la que me encontraba- en vía muerta. Aquellos polvos, en fin, trajeron estos lodos.

El comienzo de las obras de lo que iba a ser un chalet y se quedó en enorme y muy vulgar vivienda sacó a la luz lo que allí había. Vox populi decía que uno de los hijos de García Calvo había excavado –por supuesto que sin autorización alguna ni ningún atisbo de método científico- algunas viviendas castreñas.

Yo acudí allí en dos ocasiones. En la primera no había nadie y recorrí el castro parcialmente destruido. A esos momentos corresponde la foto que reproduzco por partida doble, una tal y como se conserva y la de arriba con Photoshop (las rayas se deben al deterioro, no a la inexistente lluvia). Acudí allí con algunos alumnos del Colegio Familiar Rural Dubra, que dirigía, y quizás con algún profesor más. Recogimos un par de trocitos de cerámica tirados por el suelo. Yo soy el que está al fondo de pie.

En la segunda ocasión, cuando estábamos viendo el estado de una de las casas, salió un hijo de García Calvo, quien educada pero muy firmemente dijo que aquello era propiedad privada y que nos fuéramos, lo que hicimos.

El castro hoy está arrasado. Quizás por la parte del río queden restos de las murallas. Pero eso: curiosamente es propiedad privada, ante la indiferencia de todos los alcaldes que tuvo Negreira y ante la indiferencia de la Consellería de Educación y Cultura. Y, por supuesto, sin que al ciudadano de a pie le interese lo más mínimo.

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