¡Me harté de percebes en mi infancia!

Comí percebes. Muchos percebes. Muchísimos. Y gratis. Hasta que cumplí 11 años íbamos en julio y agosto -a veces menos tiempo- a Chanteiro, y a mi padre, que en absoluto le gustaba la pesca, le encantaba ir a Coitelada a apañar percebes. Armado de su rapa, Cris era un fenómeno y gozaba del respeto localContinue reading “¡Me harté de percebes en mi infancia!”