Recuerdos de Ferrol (1969-2013): Ascenso al castro de Cabanas

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En 1971 subí al castro de Cabanas (que llamamos entre nosotros “del aljibe”, puesto que había una mina de agua) acompañado de Arturo Martínez González, una persona que siempre aprecié y sigo apreciando a pesar de que no tenemos contacto últimamente. Sabíamos por tradición oral que allí había un yacimiento castreño y yo lo había comprobado en las fotos aéreas del Instituto del Padre Sarmiento. Llegar hasta arriba nos costó lo nuestro, metidos entre tojos. Plantamos la tienda de campaña donde pudimos y pasamos una noche. Medimos el castro con gran esfuerzo, nos llenamos de arañazos y volvimos felices.

En la foto superior, yo ante las murallas del castro. El monte del fondo es el de Breamo. En la inferior, de mala calidad, yo también sobre las murallas.

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Recuerdos del Sahara: 2000, segunda visita y con buenos profesionales

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Mi segunda visita al Sahara español fue algo accidentada. Bajamos en la I Caravana de la Paz 21 vehículos con casi 100 personas. Nos llevó tres días desde Madrid, carentes de incidentes excepto que los vascos, muy bien organizados, se empeñaron en dar la nota, con excepciones, porque “éramos españoles”, e incluso convocaron una asamblea el día anterior a la llegada a los campamentos de refugiados en Tinduf porque no querían -y así lo hicieron- entrar con nosotros por lo mismo, de manera que llegaron con su ikurriña al viento. Maravilloso.  Yo iba trabajando, desde luego, y coincidí allí con buena gente y buenos profesionales, entre ellos el crack de Javier Saz (a la derecha), entonces en Antena 3 y hoy no sé dónde. No recuerdo el nombre del que está en el medio, creo que un cámara de televisión.

Recuerdos de Gales: En el puerto de Swansea

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Tengo que agradecerle a Amalia Cuadrupani el que me hubiera invitado en junio de 1990 a ir a Gales formando parte de un pequeño grupo de periodistas. El objetivo de la entonces jefa de prensa de la British Tourism Authority en Madrid era, claro está, que a la vuelta escribiéramos maravillas de aquella parte de Gran Bretaña. Yo escribí, sí, pero una de mis piezas era realmente crítica con una actuación que había -y no sé si sigue- en el castillo de Cardiff, una payasada que protagonizaba un bufón que se dedicó a reírse de nosotros ante un centenar de hijos de emigrantes, que procedían de América, de Australia, de Nueva Zelanda…

No sé qué fue de Amalia Cuadrupani ni tampoco tengo el menor interés, fuera de no desearle mal alguno, por supuesto. Conmigo fue amable y yo con ella. Pero, repito, gracias a ella conocí Gales… y me enamoré de Gales, a donde he vuelto en cuatro ocasiones más y a donde espero regresar. Ahora, gracias a Facebook, puedo ver fotos diarias (ahí está Frank Wittle, que publica unas imágenes maravillosas), comprobar cómo se defiende el parque nacional de Pembrokeshire o cómo personas a quienes no conozco de nada, como Deborah Tilley, batallan por tener su Harverfordwest más limpio.

En aquel primer viaje conocí también a una periodista encantadora, Ester Uriol, que trabajaba en Cinco Días, y ella me hizo la foto adjunta en el puerto de Swansea.

Foto hecha en Managua. Necesitaba acreditarme como corresponsal de guerra para ir al frente, de manera que me tuve que hacer unas fotos tipo carné. Al día siguiente partí para la zona de Jalapa y Teotecacinte en una avioneta soviética de la Segunda Guerra Mundial.

 

Recuerdos de Ferrol (1952-1968): La vieja Casa Emilio, en Chanteiro

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Hasta que cumplí 10 años íbamos a pasar el verano a Chanteiro, municipio de Ares, donde nos atiborrábamos de percebes, tanto que llegué casi a odiarlos y hoy en día no me emocionan. No recuerdo cuando parábamos en Casa Juan, pero sí en Casa Emilio (en la foto, el edificio). Estábamos en una habitación del primer piso, creo que miraba hacia delante. Recuerdo claramente partidas de brisca y tute de los hombres del mar, rudas y nobles. Recuerdo también cómo un día las patatas fritas se negaban a freírse en aquella cocina de leña que parecía no calentar demasiado. Y los conejos de la parte baja (por atrás). Recuerdo, sí, tan sólo a una mujer, que de vivir hoy tendrá como mínimo 75 años. Curiosamente, no tengo una grata memoria del lugar, me parece algo diferente del encanto de Chanteiro, no sé si porque no congenié con nadie o por su situación, al comienzo del núcleo rural pero no integrado en él. Pero ahí pasé ocho o nueve veranos, y lo reivindico.

Recuerdos de Ferrol (1952-1968): Viaje a Santa Tegra, con Portugal al fondo

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La foto data de principios de los años 60 y está tomada en el monte Santa Tegra, con la portugesa Caminha al fondo. El de la izquierda soy yo, acompañado por mi hermana Maca y mi hermano Xan.

Recuerdos de Ferrol (1952-1968): en las cercanías del castillo de San Felipe

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Otra foto con mi madre y mi hermana. Con casi toda seguridad, visto el fondo, está hecha en el muelle o cercanías del castillo de San Felipe, en la ría de Ferrol. Lógicamente, fue tomada en verano. Al fondo, la cantera. Nótese mi corte de pelo, muy habitual en aquellos años (finales de los 50).

Recuerdos de Ferrol (1969-2013): Tui

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Creo que fue durante el pequeño viaje de Semana Santa de 1969, con mis padres, cuando descubrí la catedral de Tui. Me impresionó su entrada y su equilibrio. En la foto inferior, lo que me sorprende es que los dos niños treparan y se colocaran en la hornacina justamente para eso, para salir en la imagen.

Recuerdos de Ferrol (1952-1968): Rumbo a Monçao (Portugal) en 1969

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Una Semana Santa -creo recordar que de 1969- fui con mis padres a Portugal. Tres días, que era la cantidad mágica (supongo que también económicamente hablando). Con el 600 arrancamos hasta Viana do Castelo, Vila do Conde y Monçao. Excelente tiempo y muy buena atmósfera. Fue el único viaje que hice así con ellos. La foto está tomada rumbo a Monçao, ante la entrada -entiendo que secundaria en tiempos modernos- a las posesiones de un pazo que todavía existe.

Recuerdos de Ferrol (1952-1968): La primera acampada, en Ares

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Ares ya no es lo que era: un pequeño pueblecito de pescadores construido sobre la parte posterior de su playa y donde hubo una sinagoga, quizás la primera o casi de Galicia de que se tiene constancia. Ha crecido, y mucho, con edificios impersonales de apartamentos, destrozando la estética de la costa. Y en ese crecer desaforadamente hoy hay uno de esos bloques de viviendas donde dos amigos y yo plantamos una tienda de campaña: era la primera vez que iba de acampada (así se decía), desde luego lo que hoy se llama salvaje puesto que así eran las cosas: sólo había un par de cámpings y muy poca gente veía su utilidad. Llegabas, buscabas un sitio, plantabas la tienda –que en este caso no era mía- y ya está.

Tengo un muy grato recuerdo de aquella acampada en 1968, quizás principios de verano, de tener que cocinar, de hacer fuego, de descubrir el puente romano que aún se conserva, de explorar los alrededores. Tres días (dos noches) y vuelta feliz a casa.

Algunas particularidades de la foto superior: la mochila (tampoco era mía, no daba el sueldo de Bazán para tanto) tenía armazón de hierro, como todas. El diseño actual llegó poco después. Los ladrillos enmarcaban el hogar, el fuego, y servían de apoyo; simplemente los cogimos de donde los encontramos.

En la inferior, yo, posando, cogiendo leña para encender el fuego (el ladrillo inferior denota que estaba justo al lado).

Uno de esos días debimos de subir hasta Montefaro (aunque no lo recuerdo e incluso lo dudo), que es donde está tomada la foto conmigo bebiendo de la fuente. Por cierto, en todas las imágenes estoy posando, como todo el mundo cuando veía una cámara. El carrete era lo suficientemente caro como para no arriesgarse a disparar si antes uno no se había colocado como Dios manda.

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