Recuerdos de Ferrol (1969-2013): Tres días en Portugal con mis padres

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Era Semana Santa, tenía yo 17 ó 18 años y allá nos fuimos mis padres y yo a Portugal tres días. Un viaje muy grato. El único que hice con ellos los tres solos. En la foto, mi padre y yo en A Fortaleça, en Valença do Minho.

 

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Recuerdos de Ferrol (1969-2013): El chalet de Doniños

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Con mucho trabajo mi padre pudo cumplir su ilusión: hacerse una casita (de las pomposamente llamadas por aquellos tiempos chalets). Primero lo había intentado en el Chanteiro de sus amores, e incluso había comprado un terreno. Nunca supe por qué cambió de idea, vendió el terreno y eligió la desangelada ladera que conducía a la playa y laguna de Doniños, gran paisaje, mucha naturaleza, impresionante playa… y durante años sin luz, porque hasta allí no llegaba Fenosa. Ya no digo nada de recogida de basuras, agua, teléfono… Pero él era feliz. Mi madre consideraba que era un “anacoreta”. Yo lo entendía, con el añadido de que él, como jefe de Movimiento (ojo: no confundir con “el Movimiento” franquista) en Bazán estaba diez horas al día rodeado de gente, en tensión, organizando la movida de camiones, grúas, falúas, 350 hombrees a su cargo… A mí me gustó siempre Doniños y la casita, aunque nunca tuve nada que decir sobre ella y mi padre la diseñó y organizó a su gusto, que en absoluto era el mío, y jamás me hizo caso a propuesta de cambio alguna. Y cuando la vendieron, hace unos 16 ó 17 años, yo pasaba por un momento muy malo económicamente, si no la hubiera comprado. En la foto, en la terracita que circundaba el piso, con la laguna al fondo. No recuerdo por qué estábamos allí (de hecho íbamos bien abrigados), ni qué se me ocurriría contar a mí, ni por qué estábamos tan risueños, cosa rara tanto en mi madre -que por algún efecto óptico salió con unas piernas gordísimas- como en mí. Quede para la posteridad.

Recuerdos de Ferrol (1952-1968): Un pirata sólo para la foto

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Cara de tranquilidad tenía yo en esta foto de agosto de 1957. O sea, cuando tenía 5 años. Mi hermana Maca tampoco estaba nerviosa, claro. La embarcación estaba bien atada a tierra firme, así que subimos sólo para la foto. Quizás esté hecha en el puertecito de San Felipe, en la ría de Ferrol. Yo llevo el clásico corte de pelo de aquellos años, y mi hermana, aunque no se note, era rubia-rubia. El bote, por supuesto, no era nuestro.

Desde pequeño tuve relación con el mar: a mis padres les encantaba la playa, y a mí, desde que tengo memoria, nada de nada de nada, hasta el punto de que ahora no piso arena. Tengo un recuerdo grato de mi infancia en general. Humilde infancia en lo que se refiere a aspectos materiales.

Recuerdos de A Coruña (1980-2002): Doble encuentro en el mercado de Santa Lucía

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En octubre y noviembre de 1980 hice un viaje hasta Noruega con dos amigos, en mi R5 azul. A la vuelta a A Coruña en encontré de repente, en el mercado de Santa Lucía (yo tenía la despensa vacía), con dos muy buenos amigos que siguen siéndolo, Rosa y Lalo. Él, claro, es el que hizo la foto. Yo solía ir andando hasta ese mercado porque me gustaba más que el resto. Luego me aficioné al de la plaza de Lugo, y cuando años más tarde un día me dejé caer por el de Santa Lucía me pareció muy cutre. De ahí recuerdo que en una ocasión me encontré con el comandante Santos, a quien había conocido cuando yo pugnaba por no hacer el servicio militar -y lo conseguí; por cierto, debo de seguir a la espera de cumplir el servicio civil-; fue el único militar de aquellos tiempos, de los que traté, del que emanaba humanidad. Allí, en San Agustín, estaba con su mujer y me confundió -y así me presentó- como el hijo de un conocido. Lo saqué del error y fueron unos momentos violentos. Di el paso atrás, saludé cordialmente y me fui para no ponerlo en un brete (eran otros tiempos…), pero siempre tendré un grato recuerdo de aquel militar orondo… y humano. Rara avis entonces.

 

 

 

Recuerdos de Gran Bretaña (1974-hasta hoy): Un Morris con champiñones

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En agosto del 78 hice en mi fabuloso R-5 azul un viaje por todo el norte de Europa. Lo dejé en Calais y pasé en transbordador, para ir luego a Reading a ver a mis buenos amigos Phil y Lynne. Un par de días de los que sólo recuerdo la cocina de su piso -con un sistema para preparar las tostadas matinales que entonces era muy original y no existía en España- y su Morris, un viejo y fantástico coche con partes de madera. Entre esa madura y las ventanillas de atrás se había acumulado tierra durante muchos años y allí crecían pequeños… ¡champiñones! En la foto, mis amigos, yo y, claro, el Morris.

Recuerdos de Nicaragua (1983): Ante todo, formalidad

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Los campesinos siempre fueron los grandes perdedores en América Latina. Descendientes de las poblaciones autóctonas, vivían en la miseria. Eso no era una excepción en la Nicaragua de principios de los 80, cuando yo aparecí por allí. Logré acudir a un acto de entrega de tierras en Pancasán, sitio simbólico de la lucha contra la dictadura somocista. En el fondo, no logré captar la profundidad del acto. Había que entender aquellos rostros que habían sufrido durante medio milenio y quizás más. Para mí fue un acto formal, pero seguro que hay mucho más allá de lo que vi. Eso sí, las formalidades se cuidaron, como demuestra la fotografía.

 

Un aire anglosajón: historia personal de Cristobal Ramírez Gómez (Ferrol, 1952)