Recuerdos de Ferrol (1969-2013): Gozoso descubrimiento de la playa de Vilela

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Descubrí la playa de Vilela, en el cabo de Estaca de Bares, de auténtica casualidad muy a finales de los años 60. Había ido con CJD hasta la estación de O Barqueiro en el tren de Feve, bien cargados con tienda de campaña y mantas (lo de sacos era un inexistente lujo entonces), latas de conserva y camping gas. Echamos a andar por aquella carretera sin asfaltar por donde no pasaba ni un alma, pensando en Estaca de Bares, y justo en el km 3 vimos un camino que apartaba a la derecha, descendiendo. No sé por qué por nos enamoramos del lugar y bajamos felices para quedar atónitos ante la belleza de aquella pequeña playa. Sólo un edificio en el lugar, que muchos años más tarde, con 50 yo, conocí más a fondo y a sus dueños, Hipólito (hoy fallecido) y Carmen, con los que tuve una corta pero entrañable relación y de los que guardo el mejor recuerdo. No vimos a nadie más en aquellos tres inolvidables días.

Y una vez en la playa, felices, dirigí la mirada al montículo que cerraba Vilela por la derecha, y que hace pocos años vio como el asfalto llegaba justo hasta él. Reconocí las murallas. ¡Un castro! Una joya para mí, el único interesado en la arqueología. El fin de semana siguiente volvimos, con JMG, y armado de una piqueta. Una mañana la dediqué a abrir el pequeño agujero de la foto. Ahí apareció toda esa cerámica que se ve en la foto, casi en superficie.

Los tiempos han cambiado. Hoy eso es ilegal, y además no lo haría porque extraer cerámica sin más no conduce a ninguna parte. Entonces era aceptado socialmente, y hasta alabado, porque se demostraba que teníamos patrimonio en momentos en que este era minusvalorado en instancias oficiales, y ya no digamos en el seno del poder, entonces en Madrid: si alguien hubiera querido construir un chalet sobre el castro no hubiera tenido problema, como lo demuestran ejemplos como Lobadiz (Ferrol) y Os Castros (Ribadeo). O la casa del fallecido García Calvo en Negreira.

Recuerdos de Ferrol (1952-1968): Un “selfie” cuando aún no se habían inventado los “selfies”

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En el verano del 68, y en la casa donde había nacido y donde vivía entonces (Carretera de Castilla, 19-2º, a la cual habían cambiado el nombre por Avenida del Generalísimo), cogí la cámara de fotos de mi padre, me planté ante el espejo de su dormitorio y me hice lo que se llamaba entonces “una autofoto”. O sea, un selfie actual.

Recuerdos de Nicaragua (1983): Una tranquila visita a la simbólica Masaya

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En junio de 1983 viajé a Nicaragua, que vivía el inicio de la agresión salvaje de la Contra auspiciada por el Estados Unidos de un presidente tan meidático como cínico como fue Ronald Reagan. En el interior del país no se notaba la huella de la guerra, había que ir a las fronteras para sufrirla, de manera que, acompañado por el filósofo Carlos Mohs y por su mujer, la coruñesa Elena (en cuya casa estaba), tuvimos tiempo de ir a Masaya, donde se había iniciado el ataque final de la guerrilla sandinista contra la cruel dictadura de la familia Somoza. Masaya resultó ser una población entonces pequeña, alegre aunque no con mucha gente en la calle. No recuerdo haber comido en El Sombrero, sino que hice esa foto por la pancarta.

Recuerdos de A Coruña (1980-2002): Una vez más en el gran castro costero de Baroña

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La arqueología fue y es una de mis grandes pasiones. Y, sobre todo, la defensa y conservación de los yacimientos arqueológicos. Por eso desde el primer día en que llegué a Ribeira, en 1979, me interesó el castro de Baroña, en Porto do Son, sobre el que publiqué entonces algunas cosas para expulsar de allí -y lo conseguí- a los que practicaban motocross, porque aquellos muros parecían interesantes. El castro se encontraba muy deteriorado, y el arqueólogo que lo había estudiado (y que lo excavó un corto período de tiempo) no era hombre muy versado en las relaciones públicas, por decirlo de manera muy suave (mi madre recurriría a eso de que hay personas que tienen educación básica y otras que no). Conozco el castro desde tierra -he ido un montón de veces- y desde el mar, lo he fotografiado y lo convertí en objeto de informaciones, unas informaciones que continúa de manera realmente muy brillante mi colega Javier Romero en La Voz de Galicia, que literalmente ha obligado a la Xunta a declararlo BIC. Mérito suyo, sin duda. La foto es de 1982.

Recuerdos del Sahara: Primer día en un campamento de refugiados

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Mi primera visita a los campamentos de refugiados del Sahara tuvo lugar en abril de 1988. Trabajando, claro está. Un grupo de periodistas de medios gallegos arrancamos a Madrid, de ahí a Argel (donde hubo que dormir en el histórico hotel Atleti) y de la capital argelina a Tinduf, base militar invisible entre las arenas del desierto, porque, además, cuando se estaba cerca de ella hubo que cerrar todas las ventanillas del avión. Todavía se hablaba de la Guerra de las Arenas con Marruecos a pesar de que el conflicto había tenido lugar nada menos que 25 años atrás. Por la noche nos fueron a recoger al aeropuerto de Tinduf unos amables guerrilleros (el sonriente Brahim Abdeherramán al frente de ellos) y en land rover nos trasladaron -pura tierra- hasta el centro de Rabuni, donde dormimos. A la mañana siguiente (21 de abril) tomamos contacto con la realidad en la escuela 27 de Febrero -en realidad, un campamento-, momento en que fueron tomadas las fotos adjuntas. Con la enorme austeridad y necesidad, pero con la gran dignidad de todo el mundo. Entramos donde nos dio la gana, hablamos con quien quisimos, nuestro guía traducía cuando hacía falta, tomamos té que nos salía por las orejas (me encantó desde el primer momento). Una fuerte impresión.

Recuerdos del Barbanza (1979-1980): Con Rosa Méndez en el alto de A Curota

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Rosa Méndez fue mi primer contacto cuando llegué a Ribeira. Era amiga de Mita Ávarez de Ron, y trabajaba en Extensión Agraria. Fui a vivir frente a la casa donde ella vivía con su marido José Antonio (hombre peculiar, gran polemista, buen orador y que luego fue alcalde de Ribeira) e hijo Brais, y la relación siempre fue muy cordial. La presión que sufrí en Ribeira fue brutal, y con José Antonio y Rosa, buenos conocedores de la idiosincrasia local, siempre podía hablar. Luego la vida, que nos había unido durante aquellos 14 meses, nos separó y sólo la volví a ver una vez más. Espero que todo le haya ido bien.

La foto está tomada en el alto de A Curota en 1979, en una pequeña excursión con mi hermano y algunos amigos.

Recuerdos de Ferrol (1952-1969): Otra visita al castillo de Moeche

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Mi pasión por la historia, la arqueología, los castillos (sobre todos los medievales) y, también, el arte (o una parte de él) me llevó muchas veces a visitar los cuatro castillos que estaban cerca de Ferrol: Andrade en Pontedeume (que no me interesaba tanto por ser urbano), Nogueirosa, Moeche y Narahío. encontrar las salidas subterráneas secretas fue una obsesión de adolescente, y en tres de esos cuatro casos localicé información sobre ellas, siempre sobre el terreno. Moeche, en cuyas almenas estoy, siempre fue un castillo triste. No había ni vida ni gran vegetación a su alrededor. Pero mucho más fortaleza que los otros citados. Había que caminar desde la estación de tren, pero eso me animó siempre. Fui solo, con mis padres, con amigos… y sigo yendo, la última vez el verano pasado.

Recuerdos de Ferrol (1969-2013): Viaje al Portugal de la dictadura

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En la Semana Santa de mis 18 años -entonces la mayoría de edad estaba fijada a los 21- emprendimos un viaje de tres días por Portugal mil padres y yo en el 600. No recuerdo por qué no vinieron mis otros tres hermanos, porque eso sí que era muy raro. Tuvimos buen tiempo, buen ambiente y buenas fotos. Fue en Vila do Conde, en la pensión donde paramos, donde me enteré de que Portugal había tenido una colonia que se llamaba Goa: la mujer que nos atendía, muy joven y tan amable como la dueña, era viuda ya que su marido había muerto en la revuelta allá. Era el destino de miles de soldados de leva del Portugal de la dictadura. Recuerdo con claridad el momento en que se comentó en la mesa el tema, con la mujer sonriendo tristemente. Espero que al menos el resto de su vida haya sido más agradable.

Recuerdos de Ferrol (1969-2013): ¡Barco a la vista en medio de la playa de Doniños!

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En junio de 1989 un barco de respetables dimensiones tuvo a bien embarrancar en la mitad de la playa de Doniños (Ferrol). Todavía no se había inventado el turismo de catástrofe y fuimos pocos los que nos acercamos hasta allí. Mis padres tenían entonces un pequeñito chalet en Doniños, en la parte de Fontá, de manera que me llegué y me acerqué al buque. Fue la única vez en mi vida en que mi padre -toda su vida trabajando en astilleros- me pidió que le sacase una foto, con el barco como telón de fondo. Como estoy yo en ésta.

Recuerdos de Chanteiro (1952-1962): Magdaleine Tessier, in memoriam

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Alguna vez he citado a Magdaleine Tessier, Magda, que llegó a Galicia de casualidad y se enamoró de Chanteiro y su playa, en el municipio coruñés de Ares, donde veraneé “a lo pobre” desde al mes siguiente de mi nacimiento hasta que cumplí diez años. Sus visitas fueron varias, y su amabilidad era infinita, siempre agradecida por todo. Mi madre y ella se entendieron muy bien. En la foto, tomada en 1962 en la playa de Chanteiro, Magda, Jean Jacques Betoleaud (uno de sus sobrinos), mi hermana Maca, mi madre y yo.

Vayan estas líneas en memoria de Magda, de cuyo fallecimiento por causas naturales, en una residencia de París donde estaba postrada, me enteré hace poco.