Recuerdos del Sahara: Visita a una de las cárceles del Frente Polisario

Esto que se ve en la foto es una cárcel. Una cárcel en medio de la nada. O sea, en el desierto del Sahara. Por eso no tiene puertas. Por eso los presos podían salir, sabiendo que si intentaban escapar les esperaba la muerte por frío, calor y hambre. Los presos eran militares marroquíes, y cuando estuve ahí -hace más de un 15 años- eran ya gente mayor y envejecida, triste, abandonada a su suerte por su rey, que los había mandado a una guerra en la cual no les iba ni les venía nada. La vigilancia se limitaba a un hombre armado en lo alto de una torreta.

Mientras otros colegas (éramos un grupo pequeño de periodistas) se lo tomaban con calma, yo sabía que no nos iban a dar mucho tiempo, así que me metí por cualquier recoveco acompañado de un profesor hoy diputado socialista que habla francés con corrección, intuyendo que lo importante estaba oculto y que aquellos que estaban a la vista no iban a abrir la boca como así fue. Así di, por ejemplo, con un aviador de Melilla cuyo caza había sido alcanzado por las SS 20 antiaéreas del Frente Polisario. Porque en efecto, esa era una de las cárceles del Polisario. Y el aviador sí habló, con amabilidad y muy relajado, como si estuviéramos en un café de aquella plaza española. Como también habló el médico sin pelos en la lengua, un hombre más joven que los demás que nos contó la escasez de medicinas que padecían y que cada vez se necesitaban más en vista de la edad de los presos.

Profesionalmente saqué un buen reportaje y dos entrevistas aceptables (aviador y médico). La del aviador la publiqué también en el Telegrama de Melilla (“Pero no te podemos pagar”, me había advertido el director amablemente), y el reportaje y la otra entrevista tanto en La Voz de Galicia como en Madrid, en Diario 16, que entonces pertenecía a la empresa, y me parece recordar que también en La Crónica de León.

Los presos tenían un patio donde jugaban al fútbol, un huerto para ellos y televisor en color para ver lo que emitían por el mundo adelante. El trato parecía desde luego bueno, y así lo reconocieron, aunque dijeron que no eran así las cosas en los primeros tiempos, cuando la guerra estaba en su apogeoa. La Cruz Roja los mantenía en contacto con sus familias.

Todos esos presos están en sus casas merced a las gestiones de múltiples organismos y personas. Marruecos, a día de hoy, sigue negándose a informar del paradero de los casi 500 saharauis desaparecidos (cifra de Amnistía Internacional). Y sigue encarcelando a quienes osan cuestionar su poder sobre la antigua colonia española invadida.

 

 

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